De vez en cuando es una malcriada y juega a disfrazarse con mis sueños, o es toda bondad dándome de beber la lluvia que cayó de las nubes oscuras que un día taparon nuestro horizonte.
Me hace esperar eternamente en la esquina de sus suspiros y me apremia en sus placeres.
Me odia y me ama como ayer. La quiero como siempre, como antes de conocernos.
Cuando caí no me recogió, me dio impulso y me enseñó a levantarme.
Nunca sé lo que hará, pero espero que lo haga, sea lo que sea. Todo es diferente ahora. Vivo después de muerto.
Hoy su sonrisa decía: "nada malo puede pasar". Y sé que es cierto. Mientras estemos juntos. Y es por siempre, su recuerdo no se marcha, no lo hará.
Alguna vez dejo la puerta de mi alma abierta...