El portero no me pidió el carnet. Tal vez porque llegué en coche (él no sabía que era robado) o porque vio que iba a gastar dinero, pues le dí un billete con una sonrisa y un "cuídalo". El dinero tampoco era mio el idiota del coche se lo había dejado.
Al entrar en el local una ola de calor me asaltó. Tenían la calefacción a tope. Me acerqué a la barra y al instante un camarero con una falsa sonrisa colocó un vaso con hielo delante mía.
-Buenas noches señor.¿Qué va a tomar?
-Whisky con cola-contesté mientras colocaba otro billete sobre la barra.
Miré alrededor mientras le daba un sorbo al vaso. El sitio tenia clase. Todo limpio. La decoración aunque dejaba que desear era perfecta para el lugar. De todas formas a nadie le importaba. No había más de quince personas, aparte de las chicas. Quizás otros diez arriba.
No me dí cuenta hasta que me puso la mano sobre el hombro. Era una mujer de color, de labios gruesos, perfectos para chupar lo que fuera necesario. No dijo nada pero deslizó su mano desde el hombro a la polla y sonrió. Estaba claro que no hablaba español y usaba por tanto un idioma universal. La miré de arriba abajo. Me la hubiera tirado allí mismo.
-¿Cómo te llamas?
Asintió con la cabeza.
-Tu nombre...nombre...-repetí.
-Aida-contestó al fin. No paraba de tocármela y estaba empalmado. No sabría hablar pero sí hacer su trabajo. Por supuesto el nombre era falso.
-Yo Paco-mentí también-¿De donde eres?
-Vamos a follar.
Poco más conocía de mi idioma. Lo esencial para hablar con el cliente y convencerlo para subir. Pero sabía que si lo hacía con ella estaría tirando el dinero. No me la chuparía o tendría que insistir mucho para que lo hiciera. Subir con la que te dé conversación era una regla básica. Si no fuera porque me la tocaba tan bien...A los diez minutos me dio un beso en la mejilla y sin decir nada se fue. Le dí un sorbo al vaso y esperé de nuevo.
Un hombre a mi lado bailaba con una de las chicas (no me gusta llamarlas putas, prefiero chicas) o más bien le metía mano. La música era horrenda, canciones de amor con expresiones típicas y ritmos caribeños. En la mano del hombre del hombre se distinguía una alianza de oro. ¿Dónde creería su mujer que estaba? ¿O sabía la verdad y callaba por sus hijos como lo hizo mi madre? Me alegro de que se marchara, ojalá esté muerto.
Las chicas me miraban y alguna se acercaba atraída por el dinero que alevosamente dejaba ver de vez en cuando. Eran animales salvajes y yo el cazador echando el cebo y buscando la mejor presa, acechando en aquella jungla de deseo, vicio y miseria. Pero ninguna de las que se acercaron fue de mi agrado. Todas llevaban perfumes baratos y cargantes que mezclaban su olor con el del alcohol y la rivalidad por ver quien ganaba más y conseguía así el reconocimiento del jefe y una situación mejor. Sin que ellas lo supieran sus cuerpos pedían a gritos algo de bondad, amor y sobre todo comprensión. Pero a ninguno de ellas quise dárselos.
Y entonces llegó ella. Me dijo que se llamaba Margarita.
-Simple y preciosa como una margarita-intenté alagarla.
Sonrió, pero con una sonrisa autentica no como las de las máscaras que habían desfilado delante de mis ojos. Todos sus gestos eran naturales.
-¿De donde eres?
-Soy Colombiana.
Sin darme cuenta me vino a la cabeza hambre, guerra y dolor. La miré a los ojos y unos ojos de mujer curtida por el tiempo me miró a los míos. Intenté vencerlos pero no pude. Y hablamos sin contar el tiempo, sin notar las miradas de rencor y decir nada sobre subir al paraíso de la planta superior. Sólo queríamos conocernos como personas. Me contó que tenía un hijo y deseé verla como madre y no con los retales de condena con los que veía a las otras. La imaginé al lado suyo, besándolo, hablándole, contándole un cuento donde ella era la más grande de las reinas y él el más valiente caballero en un mundo lejos de la puta realidad, la cual es puta de verdad.
Pedí otra copa y la invité a una. Me caía bien.
-¿Te gusta la poesía?-me preguntó.
Asentí, y recitó para mí el mejor poema que escuchara nunca y que aún en mi interior sigue clamando hoy. No sé si lo escribió ella, como me dijo, pero no me importó porque en esos momentos fue de los dos.
Deseaba tanto hacerle el amor...pero no pagando. Quería hacerlo sin los limites del tiempo o la suciedad del dinero. Por ello le pedí que se fuera.
-No voy a subir ni quiero que tengas problemas con el jefe, busca a otro. Hasta luego.
-De vez en cuando sólo quiero hablar. Adiós cariño.
Hubiera preferido un hasta luego, el adiós es más duro y menos esperanzador. Se marcho rompiendome el corazón y con un hijo que en parte ya era también hijo mio.
Después de ver el dinero que me quedaba pedí otra copa y esperé. Era la última que podía tomar si quería subir así que la degusté con tranquilidad y escruté más atentamente a las chicas. Iba a subir sin lugar a dudas ya que el alcohol y la excitación habían hecho que la tuviera más dura de lo que lo había tenido nunca, esta vez necesitaba un buen coño.
La vi a lo lejos, había estado toda la noche y no era de extrañar porque si la belleza tiene aspecto sin duda es el suyo. Pelo rizado, hermosa como ninguna, cuerpo de escándalo, curvas sinuosas perfectamente detalladas que merecerían el calificativo de divinas. Y sus ojos verdes. Siempre he sentido debilidad por ellos. Llevaba un ceñido vestido negro que mostraba más de lo que tapaba.
La llamé y vino a mí desafiando con sus andares toda moral. Me dio un beso al llegar y sonrió clavandome dos puñales de esmeralda en los míos azabache.
-Hola mi amor, me llamo Teresa.¿Puedo ayudarte en algo?
-Ya lo creo. Tu acento, ¿de donde eres?
-Rumanía.
-¿Crees en los vampiros?
Me miró extrañada.
-Los vampiros vienen de Transilvania que está en Rumanía. A mi me apasionan, malignos y seductores a la vez.
El alcohol comenzaba a afectarme el cerebro.
-Son sólo cuentos para asustar a los niños, sólo eso. Aunque de vez en cuando yo también muerdo cuellos-dijo mientras se acercaba al mío y y comenzó a chuparlo y a morderlo.
Sus manos serpentearon por mi torso descendiendo hasta mi polla, acariciándola un instante para luego volver a subir. Frotó su sexo con el mío mientras besaba mi oreja y yo me dejaba arrastrar y le apretaba las nalgas con una mano y con la otra acariciaba uno de sus enormes pechos. Se despegó de mi y acercó su cara
-Podemos continuar arriba si quieres.
Un olor a polla me llegó a la nariz lo que significaba que la chupaba sin condón. Era perfecta.
Así que un instante después allí estaba yo, con 17 años, siendo guiado de la mano por aquella diosa a través de los pasillos de la planta superior. Las puertas se sucedían una tras otra e intenté escuchar algún gemido pero no hubo suerte. Me sentía como Ícaro en el laberinto. Al girar una esquina nos encontramos con la mujer de la limpieza. Teresa la saludó y ésta le dio una bolsa con sábanas. La limpiadora me pidió algo suelto por ellas y al contestar que no llevaba nada me miró con odio.
"Que te den por culo" pensé y sonreí.
Seguí a Teresa hasta una habitación en la que había una cama, una mesilla y un perchero, nada más. Una tenue luz la alumbraba un poco. A un lado se abría un pequeño baño en el que entró y se desnudó mostrando toda la exuberancia de su cuerpo. Comenzó a lavarse y yo por mi parte me desnudé y, dejando las ropas en el perchero, me acerqué a ella y empecé a manosearle las tetas. Se levantó y me lavo mientras me acariciaba. Después me arrastró a la cama.
Me tumbó boca arriba, bajo besándome el el pecho, la barriga, los muslos...y se la metió en la boca. La tuvo presa en aquella caverna húmeda y caliente unos segundos, la liberó, la volvió a apresar y la masajeó con sus labios enroscando su lengua en aquel trozo de carne que palpitaba. Me puso el condón con la boca.
-Vamos a pasarlo en grande.
Se puso encima y empezó a menearse. Tenía el coño demasiado ancho y me bailaba dentro de él. Arriba y abajo,arriba y abajo,le agarré las tetas que botaban insinuantes ante mí. Su mirada era lascivia pura, la mía placer controlado deseando explotar.
-Ponte a cuatro patas,quiero verte el culo.
Lo hizo y le entré desde atrás. Empecé a embestir lento, pero al final fui la furia cebándose con su victima Podía oír una extraña melodía: los gemidos falsos de ella simulando que disfrutaba, sus frases de alabanza ante mi poderío y el retumbar de mis cojones golpeando al compás en su trasero. Sin dar un sólo aviso le perforé el culo. Le dolió, lo sé, aunque trató de disimular.
Y empujé y empujé...y me corrí. La tensión se rompió, las estrellas brillaron más fuerte, el alma voló libre, explosiones de colores por todos lados, el diablo sonrió y me acarició la cabeza como a un hijo, fui Dios, lo fui todo.
Caí a un lado y Teresa me miró sonriente. Ya no me parecía tan maravillosa.
El portero me despidió con la mano al marcharme. Jamás vi semejante gilipollas. Me alejé de aquel paraíso infernal, donde reinan los instintos más primitivos, donde lo que compras tiene cara, vida y sentimientos; donde aprendí a ser humano, a ser divino, a ser lo que soy. Donde volveré, sin duda, a ser realmente libre.
Esta historia la escribí hace muchos años.Y le tengo un cariño especial, incluso creo que es lo mejor que he escrito nunca, aunque por lo que dice la gente la que más le gusta es "Adiós mi niña".
ResponderEliminarCuando la escribí acababa de descubrir a Charles Bukowski (quien no lo conozca por favor que lea "La senda del perdedor") y me encantó su forma de escribir dura, como un puñetazo al estómago. Así que puede decirse que está claramente influenciada por él, aunque por supuesto no llego a su nivel.
Lo que está claro es que es un relato que te gusta o lo odias, no hay termino medio.
Por favor, comentad algo, gracias.
Lo he leído entero, como no. No tenía ni idea de que te gustara escribir y tampoco sabía que se te diera tan bien. A mí por lo menos me ha gustado. Te animo a que sigas haciéndolo y ya te seguiré en el blog. Un abrazo tío
ResponderEliminarmuchas gracias, me alegro que te guste. por cierto, ¿tu no tenias otro blog o lo he soñado? si lo tienes dime cual para leerlo. otro abrazo para ti.
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