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sábado, 17 de marzo de 2012

TODAS Y CADA UNA

  Palabras calladas. Silencios gritados. Amores recordados y pasiones olvidadas. Dulces helados saboreados entre  risas. Lágrimas vertidas y otras ocultadas. Esa sensación de querer morir que te aferra a la vida. El rencor corriéndote por la espalda deseando explotar en miles de pequeños cristales hirientes. Abrazos cálidos, cortos, que se anhelan eternos. Pequeños detalles que se clavan en la memoria para no irse, vivencias perpetuas. El calor de una piel escapándose entre los dedos como arena de una playa. La visión de una despedida, de un encuentro esperado. La novedad de una nueva amistad, de un amor, de un desamor. El aprender de un error, el enseñar con el daño. El sufrir y la valentía de dejar de hacerlo. El decidir reír, el alzar el vuelo, el "¿por que no?" que demuestra que se podía. Las personas que olvidamos y que dejan de existir, las otras que hacen que existamos. Esa persona que tarde o temprano vendrá para completarnos. Cada segundo, cada instante, pasado y por pasar.
 Todas estas cosas crearon  la persona que soy.

lunes, 12 de marzo de 2012

LA RONDA NOCTURNA

  El dolor parecía traspasarla. Con una mano sobre la prominente barriga la muchacha resoplaba en el silencio de la noche roto a veces por el maullido de un gato o por el paso de las patrullas de Control Ciudadano o C.C. como todo el mundo las llamaba.
  El toque de queda se había dado hace media hora. Si los encontraban tendrían problemas.
  -Todo va a salir bien- la tranquilizó el hombre que la acompañaba.
  La muchacha lo miró. Era joven, de unos 24 años, con barba de tres días y una sonrisa piadosa en los labios. El hombre del que se había enamorado siendo niña y con el que se fugó de casa cuando sus padres le prohibieron verlo. Desde entonces andaron de ciudad en ciudad buscándose la vida, robando para poder echarse algo a la boca, durmiendo donde podían. Pero ese no era el estilo de vida que podían llevar con un hijo. Llegó sin avisar y era un problema.
  -Duele...y mucho...
  -Lo sé cariño...
  -¡Qué coño vas a saber, no es a tí a quien está desgarrando!
  Diez minutos después el niño estaba en el mundo. Lo envolvió en una raída manta. El hombre lo lo observó. Abrió el contenedor más cercano y lo echó dentro.
  -Lo siento pequeño no podemos.
  -¿Donde demonios estás?-lo llamó ella.
  El hombre volvió a su lado.
  -¿Te has deshecho de él?
  -Sí.
  La visión de ella en aquel charco de sangre le produjo náuseas e intentó no demostrarlo.
  -Tenemos que irnos. Conozco un lugar no lejos de aquí donde podremos dormir.
  La ayudó a levantarse. Estaba mal, había perdido demasiada sangre. Avanzaron por las calles todo lo rápido que podían, atentos a cada esquina. Vivían en constante peligro, saboreando la muerte en cada en todas sus formas.
  -Hemos llegado.
  Se encontraban en una fabrica abandonada. Una rata corrió delante de ellos y el hombre le lanzó una lata con el pie, pero ésta la esquivó huyendo por un agujero . Recostó a la muchacha sobre un colchón que encontró mientras le acariciaba el pelo. La muerte le supo a humedad y podredumbre.
  -Cariño-dijo la muchacha mientras le cogía de la mano- prométeme que algún día tendremos una casa con jardín, de color ocre, como aquella que vimos. Pasearemos por el jardín y llevaré un vestido largo, tú corbata y chaqueta. Seremos muy felices con nuestros hijos. Promételo...
  -Prometido está, ahora duerme.
  Un golpe seco sonó detrás de ellos. Dos agentes del C.C. entraron con sus uniformes gris perla, encañonando sus pistolas.
  -¡Alto!
  El hombre se giró sobresaltado. Los disparos sonaron y la noche se tiñó de sangre. En un último aliento agarró la mano de la muchacha, estaba muerta. Pero no por los disparos sino por el parto y su muerte sabía a vida. Cerró los ojos y murió a su lado, juntos hasta el final. Su muerte le supo a pólvora.
  -Comunican que están muertos.
  El agente cogió la radio que colgaba del cinturón.
  -Aquí agente Gustaff, placa 638291. Repito aquí el agente Gustaff.
  -Aquí la central-se escuchó tras un chasquido.
  -El agente Karl y yo nos encontramos en el 26 de la calle Rivera. Seguimos a dos personas tras el toque de queda. El hombre nos atacó y nos vimos obligados a disparar-dirigió una mirada de complicidad a su compañero-muriendo los dos. Solicito un furgón K-8 para la retirada de los cadáveres.
  -Está en camino, gracias por el servicio cumplido.
  -Mira esto-dijo Karl-parece que acaba de dar a luz.
  -¿Qué importa eso?
  -¿Dónde estará el crío?
  - Que se ocupen los del K-8, bastantes problemas tengo yo.
  -¿Has vuelto a discutir con Carla?
  -Sí-sacó un paquete de cigarrillos y le tendió uno a Karl-No hay quien las entienda. Parea mí que alguien se la está follando. Quiere el divorcio, no debí casarme con ella.
  -Tú la quieres.
  -Eso es lo que me jode, que la quiero. No puedo hacer nada y se va a ir. Todo es una grandísima mierda.
  Sacó la pistola y disparó sobre el cadáver del hombre. Karl miró a su compañero mientras le daba una calada al cigarro. Eran casi como hermanos. Se juró a si mismo que si lo abandonaba la mataría.
  Poco después llegó el furgón del K-8 e introdujeron los cuerpos en bolsas de plástico. Karl se acercó al hombre que garabateaba palabras en un acta. Pudo leer algo como "sin incidencias" antes de que éste lo mirara de manera inquisitoria.
  -¿Puedo ayudarle?
  -¿Han encontrado el bebé?
  -Mire agente...
  -Karl.
  -Agente Karl, levantamos seis o siete cuerpos de vagabundos que han roto el toque de queda a la semana y cada vez hay más. ¿Cree que el K-8 buscará el hijo de estos desgraciados? Si ese niño muere menos trabajo: usted no tendrá que matarlo ni yo que limpiarle la mierda. ¿Me comprende?
  -Por supuesto.
  Le recordó a un buitre, vivía gracias a los muertos. Su cara parecía decir "dame la mano y te arranco las entrañas".
  -Debería volver al trabajo agente aún hay mucho por hacer.
  -Y usted tiene mucha mierda que limpiar.
  La mirada fue fulminante pero Karl prefirió no continuar la disputa. Lo que le preocupaba era donde estaba el recién nacido y sobre todo porqué le importaba aquel asunto. Quizás se estuviera ablandando con los años.
  Gustaff lo esperaba en el coche patrulla con la mirada fija en el salpicadero.
  -Podemos irnos.
  -¿Dónde has estado?
  - Intercambiando opiniones con uno de esos hijos de puta.
  -Esos idiotas se creen superiores por un título universitario que tienen.
  Arrancó y giró a la derecha. Los faros rompían la oscuridad creando fantasmagóricas formas. Karl escribía el informe. Dudó un instante y finalmente anotó " cuerpo de un recién nacido perdido". Dejó la carpeta en la guantera.
  Al pasar junto a un contenedor creyó oír llorar a un bebé.
"Es sólo mi imaginación" pensó. Y no dijo nada.