Hizo la pregunta por la mañana.
-¿Me quieres?
-Claro que te quiero.
-¿Por qué?
A esa pregunta él no contestó.
Por la tarde iban los dos en el coche a casa de unos amigos. En la cuneta de la carretera vieron un perro muerto. Ella se santiguó.
-Lo hago porque murió solo y nadie se acordará de él, así por lo menos alguien lo hará.
Él le sonrió.
-Por cosas como esta.
Esa era la respuesta a la pregunta no contestada de esa mañana.
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