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viernes, 28 de enero de 2011

ESTRELLAS DE DÍA,SOLES DE NOCHE

    He llegado a la conclusión de que soy tuyo y tú mía y que aún no lo sabes, por ello vuelves la cara y apartas tus ojos cuando notas que los míos los buscan esperando poder bailar con ellos una danza de fuego.
    Cada vez que te siento, pues antes de verte ya sé que llegas, me corre por el alma las alegrías de un niño y un "que bonita eres" brota de mi boca sin poder controlarlo. Llevas el canto del ruiseñor, el calor del sol, la lluvia fresca de abril y el brillo de una estrella escondidos en el laberinto de tu piel donde perderme quisiera. Un beso es lo único que pido para darte la vida y acoger la muerte en mi pecho.
    Te quiero, te quiero, te quiero...dime cuantas veces deseas que lo diga y lo haré, bajito al oído o con la voz de la tempestad que se entere todo el mundo. No importa lo que digan los demás, el universo es nuestro, no le busques la lógica.
    Dame tu veneno que me lo beba, tu mano que la coja, tu olor que lo huela, tu forma de pensar que no quiero otra. Seré esclavo sin remisión de la más bella señora.
    Duérmete sin temor a nada. Muchas gracias por existir y dejar que sienta que he vivido. 

AMISTAD ENTRE ENEMIGOS

    Desde lo alto de la colina cercana observaba. Recortadas sobre el horizonte las cruces proyectaban largas sombras. Tres cruces en las que colgaban el mismo número de personas, pero para él sólo una era importante. Se apartó el pelo de la cara y jugueteó un rato con su larga melena negro humo.
-Mírate pobre muchacho. ¿Dónde te ha llevado tu fidelidad?
    Descendió al lúgubre paisaje. Paseó entre la muchedumbre como un fantasma. Nadie podía verlo, lo había preferido así y tenía poder para hacerlo. Olió el odio, la agonía y la esperanza que emanaba del gentío de curiosos saboreando cada uno de sus delicados matices. Llegó al fin al pie de la cruz central y contempló al hombre.
-Era tu destino.
    El hombre de la cruz asintió casi por obligación. Él sí podía verlo, tenía ese privilegio.
De nuevo se encontraban, en una situación muy diferente de la primera vez. Sobre la cruz, Jesús, hijo de Yahveh, rey de los judíos, el mesías salvador; y a los pies de la cruz el caído, el ángel negro, Satán.
Fue en el desierto donde se conocieron.
-Alabado seas Jesús-dijo al verlo.
-¿Satán se digna él mismo a venir a verme?
-Deseaba ver a quien me reta.
    Jesús tenía la cara curtida por el sol del desierto y mostraba un evidente cansancio
-Se avecina un gran dolor y no estás ni preocupado ni asustado sino alegre. No entiendo tu actitud.
-Es la voluntad de mi padre y la acepto.
-Adórame y mi voluntad será darte riquezas y poder. El mundo será tuyo.
-Sólo adorarás a Dios padre.
-Te cambio la amargura por el placer.
-No lo quiero si no viene de Dios.
-Pues sea el dolor entonces tu fin.
    Desde entonces lo admiró. Apreció esa fidelidad. Siguió con especial atención toda su actividad pública, alegrándose cuando fue querido por muchos, aunque significase un paso atrás en su guerra, y derramó lágrimas cuando en el Huerto de los Olivos vio que era en verdad un hombre aún siendo hijo de Dios. Y la Tierra, tal vez el Universo entero, se hubiera sacudido de no controlar su ira al ver el suplicio que tuvo que soportar y como sus amigos lo traicionaban y negaban de él. Había, por extraño que parezca, tomado como amigo a su enemigo.
     Jesús agonizaba. Satán se elevó en el aire y sus ojos, la tristeza y la resignación se encontraron.
-Pude dártelo todo y no lo quisiste.
-No me correspondía.
-Dime, ¿dónde está tu padre ahora?
    La duda y el miedo cruzó su mente un instante.
-¡Padre, por qué me has abandonado!
    Dejó caer la cabeza a un lado y su alma escapó del cuerpo. Satán apretó los puños y el templo cercano se partió en dos.
-Realmente era el hijo de Dios-murmuró alguien.
    Le besó la frente y descendió posándose nuevamente en el suelo.
-Maldito seas Yahveh. Has entregado a tu hijo por una guerra. Luchemos sin piedad entonces hasta la última consecuencia.
   Se marchó con la cabeza gacha.

martes, 25 de enero de 2011

LA VISITA

    Fuera hacía frío y llovía copiosamente. La única luz que alumbraba la cabaña era la del fuego de la chimenea lamiendo el aire en un frenético baile. Sentado en una mecedora Gabriel esperaba visita. Había dispuesto una silla enfrente suya por si llegaba cansada. De momento lo único que llegaba era tarde. Llamaron a la puerta.
-¿Quién es?-preguntó como si no lo supiera. Nadie en su sano juicio iría con aquel tiempo hasta esa cabaña perdida en mitad del bosque. Nadie excepto su visita.
Abrió la puerta, que crujió de forma lastimosa, como si no deseara dejar paso al visitante. Allí estaba, de pie bajo la lluvia que resbalaba por la túnica y la capucha negra, sin emitir ni un sólo sonido. La visita había llegado.
       Entró y se sentó. Gabriel hizo lo propio en la mecedora. El silencio se adueñó de todo.
-Buenas noches-dijo al fin el recién llegado.
-Buenas noches.
-¿Has visto alguna vez morir a alguien?
-Un día atropellaron a un perro delante de casa cuando tenia 10 años. No pude dormir durante una semana.
-Me refería a una persona.
-No. ¿Y tú?
-Demasiadas.
Una risa bronca brotó de la capucha. Gabriel se dio cuenta de la estupidez que había preguntado.
-Te dí una semana.
-Todo está en orden.
-¿Y tu hija?
-Preguntas demasiado.
-Soy curioso, me suelo aburrir.
-Está bien, es preciosa. Mi mujer no me deja verla. Maldita zorra.
-No fue ella la que se acostó con otro.
      Gabriel recordaba perfectamente la expresión de ira en la cara de Lorena al encontrarlo con el pecho de aquella mujer en la boca.
-Quizás tengas razón.
-No me equivoco nunca.
De nuevo el silencio.
-Me caes bien Gabriel.
-No es muy agradable viniendo de tu parte.
-Me llamaste y he venido. Aún no era el momento.
-¿Disfrutas con tu trabajo?
-No. Estoy cansado de todo. Demasiada tristeza, se hace pesado. Me cambiaría por cualquiera. Piensas que eres desdichado pero no sabes lo que yo siento. No soy querido ni amado, pero si deseado. No desapareceré nunca, sin oportunidad de elegir. Mi único sueño es descansar, sólo eso.
      Por un instante se vio su lado débil.
-Te compadezco.
-Gracias.
-Debemos irnos.
-¿Seguro?
-Si no es ahora será otro día. ¿Quieres beber algo?¿Vino?
-Me encantaría.
-Bébelo rápido.
      Encontraron el cuerpo de Gabriel colgando de una de las vigas de la cabaña. Las pruebas demostraron que fue un suicidio. Lo extraño es que sobre la mesa había dos copas de vino a medio beber. No hallaron a la otra persona. Pero algún día lo harán. Nadie puede evitar esa cita. La visita de la Muerte.

EL SUEÑO DE UN CONOCIDO ERRANTE BORRACHO

Amanece y estoy solo. Nadie me consuela.
De pronto, a lo lejos, aparece un caballo y me sonrie amablemente. Relincha y millones de rosas brotan de su boca. 
Tras la florida lluvia miro al suelo y veo miles de cuadros negros y blancos, negros y blancos, negros y blancos...más negros que blancos y más blancos que negros.
La tierra tiembla y un ejercito de gigantescos peones hace aparición, y tras ellos los alfiles, caballos, torres reyes y reinas. Estas últimas visten ligueros rojos y me tientan.
Crezco y ahora soy yo el gigante y veo los viejos jugadores de ajedrez con el olvido en sus ojos y la saliva ácida manchando sus sucias camisas. Se rajan la piel y son humo, no más. Igual que yo, igual que todos.

jueves, 20 de enero de 2011

ADIÓS MI NIÑA

La conocí en un callejón. Sólo tenía quince años, yo casi veinte. Era la novia de un gilipollas que no se la merecía. La dejó a un lado mientras hablaba con sus amigotes y ella se apoyó delicadamente en la pared. Ni me miró, yo no podía dejar de hacerlo. Me juré que sería mía.
Un día hablé con ella y una sonrisa tonta se dibujó en mi rostro. Sabía que existía. Gracias, gracias, gracias.
Cambió de novio, gilipollas por gilipollas, tenía mal gusto para los hombres. Las lenguas blasfemas y malolientes de la gente comenzaron a hablar, a crear historias sobre ella. Nunca las creí. Porque la conocía. Y estoy orgulloso de ello.
Dejé de verla durante un tiempo. El mundo no se detuvo, todo siguió su orden. Conocí la sonrisa perra de la vida y me prometí que no permitiría que se riera de mí con sus dientes amarillos.
Una mañana, al salir de trabajar la vi. Por aquel entonces trabajaba en una nave para la venta de pescado, durante la noche. Iba con sus amigas y habían pasado unos cuatro años. La belleza tenía firmado un contrato en exclusiva con ella.
Avergonzado por el olor de mi ropa, me acerqué y la saludé. Me devolvió el saludo. Hablamos unos gloriosos segundos y osé pedirle el teléfono. Me lo dio, pensé que era falso, no podía querer tener contacto conmigo. Le di el mío. Me marché. Sus amigas preguntaron quien era. “Sólo un amigo”
Al día siguiente me dejó una llamada perdida en el móvil. Me reí de la vida.
Pero la vida me escupió a la cara. La noche de su cumpleaños lloró por otro. Las lágrimas fueron ácido sobre mi alma. No dejaría que me ganara.
Desplacé prioridades y ella fue mi prioridad. Ataque una vez tras otra golpeando a la vida en la cara, que cayó a la lona cuando ella me besó y sentí la victoria cuando por fin me dio su cuerpo bajo las estrellas. Por una jodida vez era feliz.
Cinco maravillosos años. Nada podía hundirme. Me equivoqué.
No me di cuenta de su valor, de lo que ella renunció por mí, de mi egoísmo inconsciente, de mi actitud. La asfixié con mi persona y pisoteé su juventud. Poco a poco su amor hacia mí fue muriendo. La vida se levantó de la lona y con un certero derechazo me mostró la realidad. Había perdido. Comenzó la cuenta atrás.
Salí de nuestra casa. UNO.
Comenzó a rehacer su vida. DOS.
Intenté rehacer la mía. TRES.
No pude. CUATRO.
Busqué apoyos. CINCO.
No los encontré. SEIS.
Me dejó bien claro que se acabó. SIETE.
Le dije que esperaría siempre su regreso, que pasara lo que pasara allí estaría yo. OCHO.
La quiero cada segundo y me falta. NUEVE.
La hice llorar de nuevo sin pensar en que ya era feliz sin mí. DIEZ.
La victoria fue por K. O. Terminó el combate. No veo la salida del túnel.
Aquí me veis. Un muñeco roto en las manos del destino. Una simple medalla colgando del cuello de la triunfante vida. Ojalá me perdone y nunca me olvide.

EL HOMBRE SIN ALMA

Una vez un hombre se dio cuenta que había perdido el alma. No recordaba donde pero sabía que no estaba.
Al no tener alma no se preocupaba, pero era suya, y esperaba hallarla.
La buscó por todos los lugares donde estuvo a lo largo de su vida, pero allí sólo encontró los recuerdos.
Le preguntó a sus conocidos y familia pero ellos lo único que tenían era amistad y lazos familiares.
Se buscó en los bolsillos pero allí no había nada.
Finalmente se rindió.
Un día llamaron a la puerta de su casa y apareció una mujer. Ella lo miraba con sus grandes y expresivos ojos y el pelo negro rozándole los hombros. En las manos llevaba un cofre pequeño de madera, sin adornos.
-Creo que esto es tuyo.
El hombre cogió el cofre y lo abrió. Dentro estaba su alma, callada.
-¿Dónde la encontraste?
-Tú me la diste.
El hombre cerró el cofre y se lo devolvió a la muchacha.
-Quédatela. Quiere estar contigo. Es feliz.
Cerró la puerta y nunca más se vieron.

MOMENTO DE OLVIDAR

Amigos, saquemos el vino.
Dejad en la puerta la tristeza y echad la llave.
¿Quien las necesita? Sus besos calidos quemaban la piel.
Sacad los trajes de gala tejidos con tela de desprecio.
Ellas nos hicieron reir y ser libres pero anclaron nuestra alma a la suya.
¿Y que vale un hombre sin alma?
Celebremos que ya no nos quieren.
Que otro sufrirá ese amor que cada día nos daba ganas de comernos el mundo.
Que no envejeceremos juntos.
Que su saliva no bailará con nuestras lenguas
hasta la extenuación.
Refugiemonos bajo tejados construidos por nuestros miedos y cobardias.
Sí amigos, cerremos la puerta y dejemoslas fuera.
Y ahora, que nadie puede vernos, reconozcamos cuanto las echamos de menos.
Levantemos las copas rotas de nuestro orgullo.
Cortémonos los labios.
Dejemos que brote la sangre que nuestro corazón mueve
y que sigue latiendo por ellas.
Sí amigos, que cada segundo sin ellas parezca una fiesta
y no el funeral que es.