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martes, 25 de enero de 2011

LA VISITA

    Fuera hacía frío y llovía copiosamente. La única luz que alumbraba la cabaña era la del fuego de la chimenea lamiendo el aire en un frenético baile. Sentado en una mecedora Gabriel esperaba visita. Había dispuesto una silla enfrente suya por si llegaba cansada. De momento lo único que llegaba era tarde. Llamaron a la puerta.
-¿Quién es?-preguntó como si no lo supiera. Nadie en su sano juicio iría con aquel tiempo hasta esa cabaña perdida en mitad del bosque. Nadie excepto su visita.
Abrió la puerta, que crujió de forma lastimosa, como si no deseara dejar paso al visitante. Allí estaba, de pie bajo la lluvia que resbalaba por la túnica y la capucha negra, sin emitir ni un sólo sonido. La visita había llegado.
       Entró y se sentó. Gabriel hizo lo propio en la mecedora. El silencio se adueñó de todo.
-Buenas noches-dijo al fin el recién llegado.
-Buenas noches.
-¿Has visto alguna vez morir a alguien?
-Un día atropellaron a un perro delante de casa cuando tenia 10 años. No pude dormir durante una semana.
-Me refería a una persona.
-No. ¿Y tú?
-Demasiadas.
Una risa bronca brotó de la capucha. Gabriel se dio cuenta de la estupidez que había preguntado.
-Te dí una semana.
-Todo está en orden.
-¿Y tu hija?
-Preguntas demasiado.
-Soy curioso, me suelo aburrir.
-Está bien, es preciosa. Mi mujer no me deja verla. Maldita zorra.
-No fue ella la que se acostó con otro.
      Gabriel recordaba perfectamente la expresión de ira en la cara de Lorena al encontrarlo con el pecho de aquella mujer en la boca.
-Quizás tengas razón.
-No me equivoco nunca.
De nuevo el silencio.
-Me caes bien Gabriel.
-No es muy agradable viniendo de tu parte.
-Me llamaste y he venido. Aún no era el momento.
-¿Disfrutas con tu trabajo?
-No. Estoy cansado de todo. Demasiada tristeza, se hace pesado. Me cambiaría por cualquiera. Piensas que eres desdichado pero no sabes lo que yo siento. No soy querido ni amado, pero si deseado. No desapareceré nunca, sin oportunidad de elegir. Mi único sueño es descansar, sólo eso.
      Por un instante se vio su lado débil.
-Te compadezco.
-Gracias.
-Debemos irnos.
-¿Seguro?
-Si no es ahora será otro día. ¿Quieres beber algo?¿Vino?
-Me encantaría.
-Bébelo rápido.
      Encontraron el cuerpo de Gabriel colgando de una de las vigas de la cabaña. Las pruebas demostraron que fue un suicidio. Lo extraño es que sobre la mesa había dos copas de vino a medio beber. No hallaron a la otra persona. Pero algún día lo harán. Nadie puede evitar esa cita. La visita de la Muerte.

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